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Mamá...me he vuelto a ensuciar los pantalones...

Publicado por Dr. Bermúdez |

Una vez más, me arrepiento de pagar mis impuestos. Y es que, de nuevo, ha quedado meridianamente claro que en esta tierra de afortunados desencuentros la autoridad competente lo es todo menos eso, y que al fin y al cabo, aquí al final manda el que le echa más cojones y más morro.

Como todos sabréis, estaba prevista para los días 16 y 17 del mes presente una cumbre en Barcelona que iba a reunir a los ministros de la vivienda de la UE. Como todos sabréis también, dicha cumbre ha sido suspendida por el temor a que se produjeran disturbios y altercados varios a manos de presuntos grupos radicales, anti-sistema, etc. Los argumentos esgrimidos oficialmente por el Gobierno para suspender el acto no logran sofocar las voces que afirman que en realidad la cumbre ha sido suspendida para no erosionar la imagen del Partido Socialista en plena campaña electoral catalana con portadas llenas de más que probables altercados.

Bien, fuera como fuese, lo cierto es que la reunión -a nivel europeo, no lo olvidemos- se ha suspendido -o al menos aplazado- porque al parecer doscientos cincuenta individuos, en su mayoría fichados y localizados, son capaces de poner en jaque a los Mossos de Esquadra, la Guardia Urbana y a los servicios especiales dispuestos para el evento de la Policía Nacional. Naturalmente, y dado que la suspensión ha sido decidida en Madrid, aquí todos se han rasgado las vestiduras diciendo que no, que aquí estaba todo atado y bien atado y que para nada corría peligro la comitiva europea ni la ciudadanía, que todo iba a estar controlado, etc.

Francamente, si no fuese porque a mí el evento me la traía floja, podría haber sentido incluso una cierta simpatía por los grupos que pretendían manifestarse pacíficamente durante las jornadas de la cumbre para exigir una mejora en las políticas de vivienda. Sin embargo, lo que ya no me la trae tan floja es ver como mis impuestos sirven de muy poco o nada en materia de seguridad y de mucho a la hora de restaurar y reponer mobiliario urbano porque un reducido grupo de sospechosos habituales se dedica a hacer trizas no sólo las farolas, bancos y escaparates de Barcelona, sino también la poca imagen de seriedad que esta ciudad tan fashion y abierta pudiese tener. Porque, vamos a ver, aquí donde las cosas están atadas y bien atadas, ¿acaso sería la primera vez en la historia de reciente de la ciudad que cuatro tíos armados con piedras y cohetes de verbena se hacen los amos de las calles ante la impotente mirada de los equipados y corpulentos Mossos?¿O sería la primera vez que un grupo de individuos paraliza un aereopuerto que se pretende internacional durante horas sin que nadie mueva un dedo más que para llamar por teléfono a preguntar qué se debe hacer?¿Sería la primera vez que durante unas fiestas populares cívicamente organizadas por colectivos de vecinos un grupillo de borrachos y fumados se lanza a la calle a destrozar lo que se ponga a su paso y a batallar hasta la hora del desayuno con los aterrorizados pero bien pertrechados antidisturbios de la Guardia Urbana?

En fin, que una vez más, hemos quedado como el país cagones que somos... No le demos más vueltas. Aquí manda el que grita más fuerte, el que pega primero, el que se pasa por los cojones la opinión y los derechos del vecino -o de la mayoría de vecinos- y, sobretodo, el que frente a los problemas se baja los pantalones, sonríe y enseña el culo a cámara rogando no perder muchos votos por ello.


Retrato robot del político medio

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