5/03/2006

Dáme una V, dáme una A, dáme una L...


Havia de ser el País, i havia de ser València:

Valencia no pertenece a ese género de ciudades suntuosas. Yo la adscribiría a una especie distinta: la de las ciudades silentes, tácitas. Ciudades cuyo atractivo no proviene de su inmediata hermosura, sino de una supuración lenta. Que no nos cautivan -digamos- por su anatomía, sino por su sombra. Ciudades que nos exigen un aprendizaje en el hechizo. Ciudades que muchos no llegarán nunca a percibir en su calado.

Yo amo Valencia por las mismas concretas razones por las que aman su lugar de origen quienes aman haber tenido origen, y haberlo hecho en un concreto lugar que no es ni mejor ni peor que otro, pero que es el suyo, el nuestro

Lectura imprescindible abans d'anara dormir i tenir somnis humits amb falleras nigerianes: Valencia bajo una luz perfecta.

2 comentarios:

  1. "Valencia es de esas ciudades que va calando poco a poco en uno, y cuando lo hace, lo hace hasta los huesos... como la tiña o la rabia, como las ladillas o el dolor de huevos..." dijo el poeta, y cuando tuvo suficiente pasta, cogió un tren y se despididó de la paella y las naranjas, de las fallas y los bakalaeros y se compró un pisito en una ciudad europea de verdad.

    Fragmento de "Memorias del primer valenciano que bajó de un árbol", p. 213

    ResponderEliminar
  2. Valencia... ¡qué hermosa eres!

    ResponderEliminar